Réquiem es el nombre que recibe la misa católica que se desarrolla para rezar por el alma de una persona que ha muerto. Hoy, en esta carta, uso este mismo vocablo para despedirme de las tres pistas de pádel del Club Natación Barcelona destruidas con premeditación y alevosía por su junta directiva. En su día, abanderé a un grupo de socios que, con varios informes técnicos, defendíamos que, ahora, no era el momento para hacer un gasto de esta envergadura. Les recordamos la precariedad económica en la cual esta sumergida la economía de nuestro club, les hablamos del cambio climático y les demostramos fehacientemente que con veinte mil euros se podían rehabilitar las tres pistas existentes. En definitiva, les pedimos que recapacitaran y que esperaran un tiempo. Hacerlas de nuevo nos pareció una idea descabellada: una barbarie. Nunca nos contestaron y, ahora, sorprendidos, hemos podido ver como nuestras tres pistas ya no están.

Mi grupo se ha disuelto, muchos de sus miembros se han dado de baja. Por culpa del covid-19 el club cerró sus puertas y ahora cuando las vuelve a abrir una especial tristeza me embarga. Muchos de mis amigos ya no están y cuando veo que las tres pistas de pádel también han desaparecido pienso en la altivez de nuestro presidente cuando, haciendo ver que nos escuchaba, debía estar pensando en cosas que no nos podía contar.

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«Réquiem a las tres pisas de pádel de nuestro club»